lunes, 27 de octubre de 2008

cuando todos se van...

...y el teatro se queda vacío, se llena de otra vida, vida de los objetos. La tramoya, el palco y hasta los pasillos vuelven a cobrar una existencia cuyo sentido nunca adivinaremos. Si casualmente entramos en ese mundo nos sentimos ajenos, extraños, extranjeros entre las cosas que han perdido su sentido habitual.
Lo mismo pasa con los pueblos de veraneo: llegan los primeros fríos y enseguida se ahuecan, se cosifican, se vuelven impenetrables y distintos. Los restos de la vida anterior aún siguen por ahí: alguna que otra silla de plástico, un cartel arrancado a medias, una sombra humana que procura deslizar cautelosamente entre las piedras, dueñas ya de este reino.
Ahora casi me da vergüenza confesar que a veces siento que también yo pertenezco a este reino. Cuánta calidez he visto siempre en salas abandonadas al acabar una conferencia. Cuánta ternura en una universidad que ha vivido un día y ahora se cierra. Su silencio me gusta. Su inmovilidad me atrae. Y hasta empiezo oír y ver... pero si os cuento lo de las olas me creeréis loco.

y dos más



Esta estampa de Somiedo era preciosa, sobre todo, por el color de las montañas, un cian maravilloso. La foto lo refleja... en parte. El problema es que no consigo convertirlo en un color aceptable de modo que se vea bien en todas las pantallas.
Y los helechos es otra foto "ornamental", que es un tipo de fotos que no se sabe por qué me resulta muy atractivo últimamente.

El embalse de luna



Es un nombre raro para un embalse. Lo vimos en julio, y estaba lleno de agua. Esta vez lo he encontrado prácticamente seco, pero con un encanto especial, hasta fantasmal... ¿Que en el fondo de un embalse crezcan árboles y haya puentes? Es difícil de concebir. De camino a Somiedo pasé un rato estudiando los paisajes del fondo que habían quedado al descubierto. Me recordaban grabados antiguos, o ilustraciones que se ven en esos libros viejos que uno encuentra casualmente en el Rastro. No pude esperar una luz mejor, con lo cual, no juzguéis mal las fotos.

y otra vez Somiedo




jueves, 23 de octubre de 2008

Entre el detalle y el plano general


El detalle es más cálido. Son pocos elementos que pertenecen a un mundo enorme, sin embargo, a veces te permiten reconstruirlo mejor que un plano general. Al fin y al cabo, vivimos entre los detalles y a través de los detalles existimos. Este gallo andaba tranquilamente entre sus siervas cuando lo descubrí, y debí de asustarlo porque intentó escabullirse lo más rápido posible. Yo no podía dejarle escapar, necesitaba que se quedara un ratito más - el sol justo se había escondido detrás de una nubecilla - y le corté el paso. El pobre, tratando de conservar su orgullo y prestigio, sacaba el cuello y una y otra vez probaba la suerte entre mis piernas. Al final se me escapó por el otro lado, se encaramó encima de un saliente y lanzó un kikiriki tan doloroso que hasta le perdoné su prepotencia.

miércoles, 22 de octubre de 2008

¿En blanco y negro o en color?



Esta vez es para pediros consejo. Aquí tenéis las dos opciones:

Un blog muy bonito

Sólo recomendaros un blog que tiene muchas fotos preciosas, cuidadosamente seleccionadas y, lo que también es muy importante, bien comentadas.
Es http://javierdorrego.blogspot.com/.
A ver si os gusta.

martes, 21 de octubre de 2008

...y la niebla del Escorial




Nada más volver a El Escorial me despierto y me veo en un mar de niebla, como el de la Historia Interminable. No he podido desaprovechar la ocasión y he tirado para el monte, que era donde más niebla había. Dos horas de paseo fantasmal, y ... aquí tenéis unas fotos que cuelgo en esta página. La primera foto, como veis, ha salido algo decorativa, con lo cual, la he enmarcado.

lunes, 20 de octubre de 2008

Somiedo



Volvía de Somiedo sin muchas ganas de hacerlo; los conductores que venían detrás arremetían a bocinazos cada vez que frenaba para ver mejor el paisaje o, mejor dicho, para intentar detenerlo, captarlo con este artilugio tan imperfecto que es la memoria.
Los colores... todos, pasando por la gama entera de ocres, rojos y amarillos. Pero no era una belleza como para quedarse con la boca abierta y permanecer así un tiempo indefinido - esa clase de belleza es la que más cansa y resulta hasta odiosa. Era una belleza esparcida en el tiempo y espacio, una cosa tan sutil como puede ser una cara humana: sin ser especialmente bonita, sin embargo, nos puede brindar una imagen preciosa, llena de vida real.
La lentitud: todo allí va más lento. Lo he notado mientras le daba al pedal de acelerador justo al salir del parque, y así, cada vez más rápido, en un descenso casi vertiginoso y compitiendo con los demás coches he abandonado Somiedo. Por los pueblos de Babia - otra preciosidad - he pasado volando, pillando al vuelo algún que otro campanario raro, una ermita en lo alto de una colina con un álamo inverosímilmente amarillo a su lado, una pareja de viejillos que había salido a tomar el sol. Cosas y gentes llenas de una vida que desconocía y desconozco, ¿por qué las he dejado atrás? ¿Por qué no he parado a charlar con ellos? ¿Por qué me iba cada vez más rápido - como en la Autopista del sur, de Cortázar - hacia mi casa?
Somiedo suena a sueño, somnoliencia, miel de berzo. Es una tierra dulce, aunque la vida allí sea - más o menos - dura. En estos tres días me he encontrado con muchos personajes curiosísimos. Una pareja de ancianos estaba cortando leña... vestidos de misa de domingo, él con traje, y, además, ¡con el sombrero puesto! Me puse a hablar con ellos, y resultó que él tenía ochenta y ocho años, y ella, ochenta y seis. Una vez me cruzó el camino un conejo negro ¿traería eso mala suerte?
Me gusta creer que si nos marchamos muchas veces es para volver.

viernes, 3 de octubre de 2008

la tierra



Estoy fascinado con la tierra. Siempre lo he estado, bastaba verla aparecer entre los restos como chamuscados de la última nieve, y me daban unas ganas locas de meterme en el barro y pisar el suelo. Me encanta el olor a tierra mojada, ese olor característico de los bosques rusos que los nativos muchas veces asociamos con "olor a setas".
En España la tierra es distinta, pero también es preciosa. Tiene unos colores... unos rojos, pardos y morados espectaculares. Sobre todo, con los últimos (o los primeros) rayos del sol. Aquí parece más desnuda, más personificada, más de cuerpo humano, como si fuera un dios prehistórico que decidiera salir a la superficie.
Las fotos son de Ayllón, pueblo de fantasmas que descubrí hace ya cinco años.


Otras fotos están en:
http://picasaweb.google.com/jorgemoscu/AyllNYCalataAzor#

las montañas

Realmente es algo especial vivir entre montañas... Verlas por la mañana cubiertas de niebla. Avanzar hacia ellas unos momentos antes del amanecer. Salir a la llanura y ver el horizonte por un lado, y la sierra, por el otro. Llevo más de un mes aquí, y sigo flipando cada vez que me asomo por la ventana o cojo el coche. Es una realidad que aplasta por su grandeza, belleza y espacio, te reduce a lo que eres - una hormiga - pero sin humillarte, dejando ver claramente lo poco que eres, sin embargo, haciéndote sentir parte de esta tierra y de estas montañas. ¡Qué dura es la ciudad!