

Estoy fascinado con la tierra. Siempre lo he estado, bastaba verla aparecer entre los restos como chamuscados de la última nieve, y me daban unas ganas locas de meterme en el barro y pisar el suelo. Me encanta el olor a tierra mojada, ese olor característico de los bosques rusos que los nativos muchas veces asociamos con "olor a setas".
En España la tierra es distinta, pero también es preciosa. Tiene unos colores... unos rojos, pardos y morados espectaculares. Sobre todo, con los últimos (o los primeros) rayos del sol. Aquí parece más desnuda, más personificada, más de cuerpo humano, como si fuera un dios prehistórico que decidiera salir a la superficie.
Las fotos son de Ayllón, pueblo de fantasmas que descubrí hace ya cinco años.
Otras fotos están en:
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