martes, 18 de agosto de 2009

Croacia, mayo de 2009





Ya era tarde. El día, redondo y maduro como un enorme melocotón, rodaba hacia su fin. Habíamos montado en bici sudando y venciendo cuestas, y ahora la brisa nos limpiaba el sudor mientras deshacíamos el camino cuesta abajo. Cuando llegamos al barco era más tarde aún. Nada más pisar la cubierta cada uno de nosotros sintió cómo pesaba el cansancio, como si tuviéramos que cargar con el cadáver de ese día a cuestas. Varios instantes después estaban todos echados sumidos en una modorra de pedaleo constante, brisa joven, destellos de sol y dolor de cuerpo cansado.
Sin embargo, me costaba dormirme.
Era la despedida anterior la que agravaba esa despedida, más pequeña e insignificante. Y para hacerla callar empecé a sacar fotos. Aquí las tenéis:

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