


el puerto de Llanes en Asturias tiene un encanto especial, sobre todo si lo pateas por la tarde, con el sol a medio ponerse, cuando todo adquiere una transparencia y tristeza. Aún se nota que en su tiempo fue un pueblo marinero y aún es fácil imaginarse a los pescadores hacerse a la mar y al pueblo, ensimismarse, encogerse, meterse en su caparazón hasta que vuelvan.
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