La dulce esclavitud de fotos viejas,
el tiritar de luz en las cortinas...
Llegar al pozo y tocar su fría
y áspera y rara manivela,
y ver el tiempo allá, en el mismo fondo...
Y al levantar la vista no encontrarte
entre las nubes rápidas, fugaces
sobre la hierba arada por el viento
en un jardín en el que por error entraste...
Y cae el pan, y se desflora el libro
y tiemblan, tiemblan, tiemblan las cortinas
y es tu madre quien de pronto dice:
“Ven, hijo, que se acerca la tormenta”.
lunes, 23 de noviembre de 2009
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2 comentarios:
¡Qué gusto volver a leerte!, aunque lo que lea me sepa a sal...
¡Gracias, Ana (si has sido tú)! Si no, también.
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