sábado, 6 de diciembre de 2008

Llovía, y había niebla

olía a humedad y a tiempos remotos. Unos pinos enormes, que no nos miraban, sino estaban. Pinos silvestres, dijo Jesús, y era verdad: no se veían nada mansos, aún. Poca cosa que consigue resistirse a los animales crueles que somos. Buena madera, añadió, y parecía un sacrilegio que un cuerpo tan robusto, tan hermoso, tan altivo llegara un día a convertirse en eso. A veces pienso que deberíamos dejar de editar libros y fabricar estanterías. ¿No tenemos bastantes en las bibliotecas? Cada "tener" nuestro es un - pequeño o grande- asesinato.
Sé que soy uno de ellos. Pero, quizás, haya manera de cambiar.



1 comentario:

F.Javier Dorrego Mendez dijo...

Un hermoso día para pasear, disfrutar de aromas y pensar... Saludos